¿Me sirve todo lo que leo?
Con todo lo que leo, algo se me habrá quedado, ¿no? Y es que a veces siento que lo que leo se me va de la cabeza tan fácilmente como el viento se lleva las hojas de los árboles en otoño. Hace un tiempo me puse a pensar en ello y una de las primeras cosas que hice fue recopilar lo que había leído durante un mes.
Casi todo lo leo en el iPad y suelo subrayar frases y párrafos que me resuenan y que tienen sentido para mí, así que la tarea no fue complicada. Salieron 552 subrayados realizados en 99 lecturas: libros, artículos, notas… Me dejó sorprendido: no pensaba que en un mes me hubieran llamado la atención tantas cosas.
No sabía cuánto tiempo había dedicado a leer, pero me imaginaba que no había sido poco y, de solo pensar en que quizá hubiese sido un tiempo perdido o mal aprovechado, me quedaba trastocado. ¿Me había dejado alguna huella lo que había leído? ¿Había aprendido algo? ¿Había cambiado en algo mi forma de pensar? ¿Se había modificado mi criterio sobre algún tema?
Al pararme a pensar en esas preguntas me vinieron a la cabeza varias situaciones. Recuerdo muy bien la lectura de un artículo de Geoffrey Hinton, seguida de un vídeo de Yoshua Bengio, que me hicieron reflexionar y revisar mi posición sobre el futuro de la IA y sus consecuencias para la humanidad.
Yo ya tenía mi propio criterio fundamentado en argumentos que me parecían sólidos, y no era fácil sacarme de ahí. Lo había defendido en conversaciones con colegas y amigos y lo había expresado en público. Pero estos popes de la IA expusieron sus ideas con tanta convicción y con unos argumentos tan claros y potentes que, tras darle vueltas, noté un clic y mi posición cambió. Desde entonces, cuando me preguntan, recuerdo algunos de los argumentos que leí y los hago en parte míos para explicar lo que pienso.
“No está mal”, pensé: ese era el ejemplo que buscaba, el que me servía para comprobar que esa lectura había dejado huella en mi criterio. Encontré otras situaciones parecidas, pero también me di cuenta de que a veces esa huella se produce sin que nos demos cuenta y solo tiempo después somos conscientes de ello.
¿Fue solo por aquellas lecturas? No, en ese caso hubo más: un tiempo de reflexión posterior para procesar lo que había leído, para contrastarlo y para compararlo con otras opiniones. Después de darle vueltas, aquellos argumentos me resultaron más convincentes que los que yo venía defendiendo.
Aun así, los conceptos estaban desordenados: se mezclaban datos con opiniones y argumentos fuertes con otros más débiles. Ese criterio propio se había ido formando y, al ponerlo por escrito, acabó de tomar forma.
Escribir me ayudó a poner orden en todo
y a expresar con mis palabras lo que pensaba
Qué hago con lo que leo
Leer, reflexionar, procesar y escribir es el ciclo que sigo. Pero con tantos subrayados, tantos párrafos que me resuenan y tantas ideas, necesito un poco de orden para poder volver sobre ellos y aprovecharlos. Hacer todo ese trabajo a mano me llevaría demasiado tiempo, y ahí es donde la tecnología me ayuda.
Lo primero que he conseguido es reunir en un mismo sitio todo lo que selecciono y subrayo en un libro, en una página web, en un artículo o en un PDF. Reunir esos fragmentos, vengan de donde vengan, ya me facilita mucho las cosas, porque tengo todo ese material a mano.
Cuando lo vi en conjunto, me di cuenta de que los temas que me interesaban eran bastantes –eso pensaba al menos en ese momento–, pero al fin y al cabo limitados. Los llamé hilos de interés: la IA en las empresas, la gobernanza de la IA o cómo pensamos y aprendemos, por ejemplo. De esta forma, en cada hilo se van reuniendo los fragmentos que he ido seleccionando sobre ese tema, tanto los de hoy como los de hace meses o años.
Claro que tener todos esos subrayados juntos en un hilo ayuda, pero no resuelve todo. Puedo encontrarme con veinte fragmentos de varias lecturas de la semana y, en algunos, perder el contexto y el sentido de la fuente original. ¿Podría la tecnología ayudarme también con eso?
Aquí es donde los agentes de IA vienen a echar una mano: ayudan a tratar conjuntamente esos subrayados, conectar puntos entre las lecturas y preparar una síntesis. A eso lo llamo cristalizar: obtener un texto sintético y ordenado a partir de todo lo que subrayé por separado. Las referencias me permiten volver a las fuentes cuando un fragmento no se entiende por sí solo.
Así que, gracias a la tecnología, me encuentro con un texto de lectura mucho más confortable sobre los temas que me interesan. Puedo detenerme en la conexión entre varias fuentes originales, darles vueltas a los argumentos o profundizar en algo que me haya llamado la atención.
Y, claro, todo ese material, ya ordenado, me orienta mucho cuando me pongo a escribir. Puedo escribir sobre un tema de actualidad, sobre una experiencia profesional o simplemente sobre lo que me apetece y me inspira ese domingo. Si apenas tengo material sobre un tema que me interesa, puede ser una invitación a leer más. Y si he reunido buenas lecturas y tengo algo que contar, puede salir de ahí un buen artículo.
Yo elijo las lecturas, subrayo y reflexiono; con el material ya ordenado, puedo dedicar más atención a desarrollar mis propias ideas y a escribir sobre ellas.
Conectar los puntos
Para hacerlo utilizo la herramienta Readwise, que reúne los subrayados de mis distintas fuentes y los lleva a Notion, donde queda almacenado todo el material. Después, un agente de Notion AI prepara la síntesis, que he llamado cristalización.
En el último año he subrayado 5.465 fragmentos de diversas fuentes. Revisarlos a mano para encontrar qué relación tiene algo que estoy leyendo ahora con un artículo que leí –y probablemente olvidé– hace meses me llevaría muchísimo tiempo. Ahí es donde veo una de las ayudas más importantes de la IA: conectar los puntos entre lecturas dispersas, a veces alejadas en el tiempo.
Así aparecen muchas de las ideas que entran en mi embudo editorial. Para elegir cuáles desarrollo, tengo en cuenta qué me interesa, qué está pasando y qué material he reunido. La IA me ayuda a encontrarlas y valorarlas; yo decido con cuáles me pongo a escribir.
En todo caso, sigo poniendo mucha atención en seleccionar mis lecturas. Para ello, me sirvo de una herramienta que llamo el radar de contenidos y que me permite ver en qué temas estoy concentrando mis lecturas y cuáles, siendo de mi interés, estoy dejando algo desatendidos. Esa información me es superútil para buscar y seleccionar otras lecturas y seguir aprendiendo.
Este artículo también empezó con una lectura
Este mismo artículo es un buen ejemplo de todo lo que estoy contando. Para prepararlo he recuperado material de dos de mis hilos de interés, criterio humano y disciplina cognitiva, y he vuelto sobre un texto que leí hace meses y en el que había subrayado varios fragmentos. A partir de esos subrayados y de otras lecturas, un agente de IA preparó en su momento una cristalización, relacionó aquellas ideas con mi propia experiencia y me propuso escribir sobre ello.
Ese material quedó guardado a la espera del momento para desarrollar la propuesta, con las referencias y las conexiones a mano. Y eso me ha permitido retomarlo ahora y escribir sobre algo que llevo tiempo haciendo y que quería compartir contigo, querido lector. Al volver sobre esas lecturas me doy cuenta de que algunas ideas se han ido quedando conmigo y han cambiado mi forma de pensar, aunque en su momento no lo notara.
P. D. Este artículo es también un ejemplo de colaboración entre humano e IA: yo leo, subrayo, reflexiono y escribo (Pangram ha clasificado el texto como «100 % humano»). Los agentes de IA me ayudan a conectar y cristalizar esas lecturas. Creo que esa combinación me permite llegar más lejos que trabajando solo o dejando todo el trabajo en manos de la IA.


