Ayer dormí fenomenal, largo y profundo. Soñé mucho, o al menos eso creo. Mientras me despertaba, en ese momento en el que estás medio dormido, medio despierto, aquí o allá, empecé a preguntarme si ya estaba despierto de verdad. Yo creía que estaba en la realidad, pero quizá seguía dentro de un sueño. No sé.
Me acordé entonces de Juan Morán, fundador y alma mater de Meta4, hoy integrada en Cegid, donde pasé unos años estupendos. Recuerdo cuando me habló de los sueños lúcidos. Me explicaba que, mientras soñaba, sabía que estaba soñando y podía dirigir el sueño desde dentro.
Lo contaba con la seguridad de quien conoce bien un lugar al que tú no has ido nunca. Yo, que entonces pensaba que aún no había tenido ninguno, lo escuchaba fascinado. Me parecía una capacidad mágica: estar dentro de un sueño, saberlo y decidir qué hacer en él.
Juan decía que aquellos sueños le cargaban de energía y le aportaban ideas originales que después trataba de llevar a la práctica en la empresa.
Ayer me habría gustado contarle que yo también había tenido un sueño lúcido. En el sueño debatía con mi otro yo sobre la conciencia de la IA. Aunque la verdad es que no sé si fue exactamente eso o si “la conversación” empezó cuando ya estaba despertándome. Lo que sí sé es que, cuando me levanté, no había resuelto la duda, pero había encontrado el tema de este artículo.
¿Es consciente la IA?
La pregunta está por todas partes. The Economist la llevó a su portada hace tres semanas: «Could AIs become conscious?». ¿Qué podía aportar yo? No tengo una respuesta que haya escapado a los investigadores. Pero el recuerdo de Juan me dejó otra pregunta en la cabeza: ¿podría una IA tener un sueño lúcido?
En julio, Anthropic publicó una investigación sobre lo que llama un “espacio de trabajo global” en Claude. Identificó un conjunto de patrones internos, al que llama J-space, relacionado con información que el modelo puede comunicar, manipular y utilizar para razonar. Me parece un avance muy interesante porque permite estudiar parte de lo que ocurre en el modelo más allá de las palabras que nos devuelve. Los autores lo relacionan con el acceso consciente: información disponible para que el modelo pueda comunicarla, razonar con ella y orientar su respuesta.
Pero tener acceso a información sobre un proceso propio y vivir una experiencia son cosas distintas. Los investigadores advierten que sus resultados no demuestran que Claude sienta o experimente algo. Y esa diferencia me lleva de nuevo al sueño: podemos estudiar desde fuera lo que ocurre en un cerebro dormido, pero quien sueña vive las imágenes, las situaciones y las emociones de su sueño.
El trabajo que ocurre mientras dormimos
Esta noche me acosté pensando en este artículo y me surgieron algunas ideas que se fueron desvaneciendo. Hoy me he levantado con otra: ¿y si una IA pudiera aprovechar sus tiempos muertos para hacer algo parecido a lo que hacemos nosotros mientras dormimos?
He visto que ya hay experimentos con redes artificiales que reactivan lo aprendido mediante mecanismos inspirados en el sueño, para conservar lo aprendido y reducir el olvido. Uno de ellos se publicó en Nature Communications en 2022.
Pero vayamos un paso más allá. Pensemos en una IA que reconoce que tiene recursos disponibles y decide dedicarlos a revisar lo que ha aprendido, relacionar conceptos, probar soluciones y comprobar si ha mejorado. Además, podría organizar ese trabajo sin que tengamos que pedírselo en cada ocasión. Quizá incluso podría encontrar cómo mejorar su propia capacidad de aprender.
Me gustaría mucho llamar a esa franja de tiempo «el sueño lúcido de la IA». Me parece que hay algo sugerente en imaginar que la IA está ocupada en su propia mejora mientras nosotros dejamos de pedirle cosas.
¿Sería eso soñar?
Lo que pasa es que al ponerle ese nombre me doy cuenta de que estoy juntando varias cosas.
Podemos imaginar que la máquina haga parte del trabajo que nuestro cerebro realiza mientras dormimos. También que supervise ese proceso y lo dirija hacia un objetivo. Pero seguiría faltando saber si realmente experimenta algo mientras lo hace, si vive de verdad ese proceso.
Y aquí vuelvo a lo que me contaba Juan. Lo que hacía lúcidos sus sueños era saber, dentro del sueño, que estaba soñando. Poder dirigirlos añadía otra posibilidad.
¿Llegará a haber máquinas capaces de realizar lo que nosotros hacemos durante el sueño y dirigirlo por sí mismas? Si eso pasara, todavía nos quedaría la pregunta que ahora me creo que es la más interesante: ¿estarán esas máquinas inteligentes viviendo algo que puedan reconocer como su propio sueño?
Juan decía que sus sueños le daban ideas que después quería llevar a la práctica. Yo, de momento, he conseguido terminar este artículo y me gustaría pensar que el sueño ha tenido algo que ver. No sé si de verdad ha sido así, pero me habría gustado retomar aquella conversación y contarle hasta dónde me ha llevado.


